Tuesday, March 01, 2005

El paisa revira (segunda parte)

(Crónicas de Desarrollo Rural)



Al descubrir los cambios que se están dando en las comunidades rurales del oriente antioqueño (recuperación de suelos y aguas, reducción del uso de agroquímicos, buenos rendimientos, diversificación de los sistemas de producción, mejor calidad de los alimentos), la admiración se desplaza de los frutos y los animales a la gente que está dando ese viraje y a las formas como lo hacen.

Más allá de la tecnología

Octavio Zapata, un técnico agropecuario que dirige el centro ecológico Ascam y que los campesinos apodan El Culebrero porque tiene más sabiduría que conocimiento, estudió en Hogares Juveniles Campesinos. Elkin Ríos, cultivador de mora, es líder de un grupo asociativo de 31 personas que trabajan en un lote recibido en comodato del Municipio. El hijo de Jesús Tobón cultiva independiente y sólo asiste a la escuela 2 días a la semana y puede sacar 2 cursos por año, en un novedoso sistema tutorial que funciona en 250 veredas del oriente antioqueño y que dirige desde El Peñol un patriarca de estas tierras llamado “el Padre Pacho”. En el grupo de mujeres Los Olivos hay desde adolescentes hasta sexagenarias; cada una trabaja en el cultivo comunitario un día a la semana y con el fríjol que producen complementan su mercado. Cuando un montañero rústico le dice a uno que hace parte de un grupo de investigación agrícola, uno se pregunta si habrá oído mal, pero cuando lo confirma no deja de generar cierto asombro, que aumenta al escucharle la descripción de sus métodos y de sus logros.

Vínculos por doquier

Dicen que un colombiano medio es más capaz que un japonés pero que dos japoneses son seguramente más capaces que dos colombianos, porque ellos sí saben trabajar en equipo. Puede ser, pero aquí la cosa está cambiando: el fríjol del minúsculo grupo de mujeres se lo está comprando Cornare, una corporación regional dedicada, obviamente, a cosas mayores; y como ese fríjol es fruto de una reciente investigación de Corpoíca, pues han contado con la ayuda de sus técnicos. Hay aquí grupos para todos los gustos: en cada municipio funciona un Comité de Agroquímicos; en algunos, tienen Grupo de Investigación Agrícola Local, GIAL (no confundir con el Centro de Investigación de la Industria de Alimentos, CIAL, que tiene convenios operando más allá del papel, con la Universidad Católica de Oriente).

En Marinilla hay un “Distrito Agropecuario”, con 30 agricultores que promueven la agricultura limpia, preocupados porque allí se consumen 300 toneladas anuales de agroquímicos y quieren rescatar la cultura campesina. Cosa curiosa: aquí trabajan las entidades públicas del agro y se armonizan con las privadas. Y los funcionarios, en general, compiten por servir. A Dagoberto Castro, jefe del proyecto de biotecnología de la UCO, lo quieren en El Peñol, Rionegro, La Ceja y Guarne, porque allí hace sus investigaciones sobre tecnologías apropiables; él es un cundinamarqués adaptado al ritmo paisa. El grupo de mujeres de Santa Rosa de Osos se especializó en uchuva limpia y se la vende a Caribean Exotics, una compañía grande que cultiva ese pequeño proveedor dándole la semilla y la asistencia técnica; ese grupo de mujeres se las arregla para encontrar recursos públicos y capacitación. De pronto, usted ve en una hondonada que une pequeñas fincas un tanque de enfriamiento de leche, que difícilmente compraría un campesino medio; le explicarán que lo sacaron en compañía entre varios: se los financió Colanta, esa cooperativa agroindustrial con la que los paisas andan más orgullosos que con el metro de Medellín.

Ah, pero detrás de todo eso está el interés de cada uno... dirá alguien con mala leche. Sí, puede ser egoísmo, pero un egoísmo inteligente.

La cadena del conocimiento

Los estudiosos del tema luchan por cambiar una educación retórica y accesoria (que inutiliza para la creación y el libre examen hasta en los niveles de postgrado, donde es fácil encontrar analfabetos funcionales, que leen pero no entienden) por otra que sea útil para resolver los problemas de la vida. Y en el campo la cosa es aún más crítica.

Pero aquí se investiga, se aplican modalidades distintas, se combinan métodos presenciales y semipresenciales, individuales inspirados en Piaget y grupales, en Bigosky. Si los responsables de la investigación agrícola no se estancan, los que trabajan en educación tampoco son mancos. Y no se trata de aventuras emocionales: el proyecto “Campo al Campo” de la UCO investigó el tema de la formación rural en la región y creó el “Servicio Educativo Rural”, SER, con una estructura curricular diferente: sus líneas son el desarrollo personal y social, el comunicativo, cultural y artístico, el científico, el comunitario y el productivo. Pero este, que tiene sedes en otros municipios, es solo uno de los varios sistemas de educación rural.

El resultado es algo novedoso: es la integración, en la práctica, de eso tan difícil de conciliar en la sociología de la ciencia, que se conoce como el sistema de educación-investigación-transferencia-adopción del conocimiento, pero que aquí rebasa las burocracias e integra a la gente del común.

No todo es color de rosa

Cuando uno pone una lupa, exagera lo que observa y esta crónica es como una lupa que distorsiona la realidad del conjunto. Es claro que la propaganda y la tradición aún dominan en el uso de agroquímicos. También, que la mora limpia y de excelente calidad termina revuelta en el mercado con la contaminada con químicos y mucho de ese esfuerzo se pierde. También, que cuando logran asociarse varios campesinos para sacar a crédito el tanque de enfriamiento de leche, les cae la guerrilla por la vacuna y qué lío para que entiendan que no se han ganado la lotería, sino que, al contrario, se han endeudado para pagarlo. Y es cierto que a uno de los campesinos líderes del proyecto de mora limpia lo mataron en El Peñol (los violentos odian a los líderes de la comunidad porque ellos mantienen el pegamento social). Pero contra todo eso... el paisa revira.

¿Qué es el desarrollo rural?

0 Comments:

Post a Comment

<< Home