Tuesday, March 08, 2005

Feminismo masculino

(Tarjeta de invitación en el Día Internacional de la Mujer)



La expresión no debería sorprender, porque el sufijo ismo significa creencia, o fe, o doctrina; y, bien entendido, el feminismo es una ideología: la ideología de quienes creen y tienen fe en la mujer. Y, como las ideologías no requieren de un falo sino de un cerebro, es perfectamente concebible que una mujer o un nombre abracen una ideología cualquiera; en consecuencia, que un hombre abrace el feminismo. En efecto, para ser feminista, en el buen sentido, sólo es imprescindible tener cerebro. Mal entendido, en su última acepción, el feminismo se convierte en doctrina y de ahí al fundamentalismo ya no hay sino un paso: entonces se vuelve irracional, excluyente, cultura de gueto; algo denigrante para el ser humano, sea mujer o sea hombre.

Así entendido, el feminismo deja de ser un conjunto de chistes de mal gusto, cuando no se le toma en serio, o un motivo de enfrentamiento en nuestra ya convulsionante sociedad, si se le toma demasiado en serio. Bien entendido, se convierte es un punto más de encuentro –que también puede ser delicioso– entre el hombre y la mujer, en una dialógica que permite reflexionar sobre la condición humana y que puede servir para construir entre unos y otras un mundo mejor.

Como aspecto de la cultura, hablar de la condición de la mujer (entendámonos: de su naturaleza y de sus potencialidades, que son esenciales, y de sus problemas, avances y limitaciones en esta o aquella sociedad, que son circunstanciales) es hablar también del hombre, porque es la relación social (la de pareja es una de sus formas) el contexto donde existe y tiene todo sentido la reflexión sobre la mujer, como sujeto de análisis.

Basten, pues, estas precisiones para atenuar la severa desconfianza de algunas militantes de esta imprescindible ideología y para suscitar la cordial y alegre bienvenida de las otras. Y sirva también de llamado a mis congéneres: autoinvitémonos al debate... o mejor, al diálogo de los que creen y esperan mucho de la mujer. Entremos al diálogo feminista y digamos caballerosamente: ¡con su permiso, señora, señoritas, niñas!


Posdata: se recomienda la reproducción total o parcial de esta invitación, citando o sin citar la fuente.

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