Wednesday, March 16, 2005

Gente de mar

(Crónicas de Desarrollo Rural)


Corre de boca en boca el cuento del pescador al que un turista interrumpe su descanso de hamaca descolorida guindada entre dos palos preguntándole por qué no ahorra y el hombre, extrañado, pregunta ¿y para qué? Que para aumentar su ingreso. Y el hombre, ¿y para qué? Que para mejorar su embarcación. Y el hombre, ¿y para qué? Que para pescar más y hacerse rico, y el hombre, casi con fastidio, ¿y para qué? Que para que al final se pueda dedicar a descansar. Y el hombre, ya con bronca: ¡ajá! ¿y qué cree que estoy haciendo ahora?

Algo hay de cierto en eso, pero la vida de los pescadores puede ser distinta. En Santa Marta, por ejemplo, en el viejo muelle, que evoca un bello porro y que poco frecuentan los turistas, bulle entre la gente de las lanchas un brío imperceptible: el de la lucha de los pescadores por mejorar, por sacar adelante una familia. Unidos en asociaciones, forman una suerte de enjambre sin colmena, porque, aunque se les vea aislados, tienen organizada su faena entre muchos: preparar sus artes de pesca, unos complicados aparejos de mil cuerdas de nailon llamados palangres, conseguir la carnada, que a veces escasea y, aunque usted no lo crea, tienen que comprarla en otra parte, preparar las embarcaciones, decidir el pequeño grupo que saldrá de madrugada y el rumbo que han de tomar. Cuando regresen con su pesca, magra o abundante, otros los estarán esperando para clasificar el pescado, venderlo y reorganizar los trastes. Y aunque la faena puede durar uno o más días, no pasará mucho tiempo antes de que otros, que estaban descansando, tomen el relevo...

De algo sirve saber

Uno de esos grupos buscó y logró capacitación en un proyecto que tuvo el Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura –Inpa- con una entidad financiada por los holandeses, el Vecep, en 1994, luego fueron al Sena, luego, asesorados por una Ong de ingenieros pesqueros que trabaja con el Inpa, formularon un proyecto para extracción, procesamiento y comercialización que presentaron al Programa Nacional de Transferencia de Tecnología Agropecuaria, de Minagricultura. La historia de ese proyecto, pensado para Santa Marta, Ciénaga, Buritaca y Pueblo Viejo, muestra la variedad que se esconde entre las comunidades de pescadores y en la burocracia oficial: no todos los pescadores son perezosos, ni tan pujantes, ni todos los burócratas son tan ineficientes.

Porque hay matices. Mientras en Santa Marta, gracias a la capacitación que recibieron, los pescadores lograron pasar de la época de pescar a tientas, sin poder alejarse demasiado de la costa, a navegar con brújula y sextante, geoposicionador satelital y ecosonda, y hasta consiguieron un barco que les permite llegar ahora con precisión a los sitios donde están los bancos de peces, con gran ahorro de tiempo y gasolina, en Cabañas de Buritaca, en cambio, en las ruinas reconstruidas de una hacienda que fue asiento del emporio marimbero en la década de los 70, la asociación tropezó con un obstáculo digno de una novela de Kafka.

Hay allí una comunidad de mujeres que, cansadas de sus vidas opacas y cerradas a la sombra de sus machos (la expresión es de una de ellas) se asociaron, se vincularon al proyecto, lucharon y obtuvieron capacitación en manejo y preparación culinaria del pescado, con la idea de crear una empresita de mujeres de pescadores artesanales que tendría almacenamiento, procesamiento y comercialización. Tenían prevista una guardería financiada comunalmente para poder trabajar todas cuando el sueño se coronara. Pero, aunque lograron que el Pronatta les aprobara su proyecto, sucedió que el Inpa, uno de los ejecutores, por pura ineficiencia, no incluyó en su presupuesto los dos últimos desembolsos de los recursos que recibió del Pronatta y tuvo que reembolsar 35 millones de pesos al tesoro nacional. Allí quedó una bodega sin luz, sin acondicionar y con un equipo de frío diseñado por la Universidad del Magdalena, abandonado, en tanto que las mujeres bregan por encontrar lo que les falta para echar a andar su sueño. Por lo menos, dice Luz Marina Palacios, líder del grupo, sabemos preparar bien el pescado que vendemos y comemos mejor, pero no nos resignamos a quedarnos así.

Unas son de cal...

En Ciénaga, otro grupo de mujeres asociadas al proyecto obtuvo capacitación en culinaria y en procesamiento para producir butifarra, hamburguesas de pescado y otras cosas, y recibió parte de los equipos necesarios; consiguió que el municipio les adjudicara las buenas instalaciones que dejó el proyecto de los holandeses, pero la falta de capital de trabajo y de unas etiquetas para que acepten sus productos en los supermercados han sido obstáculo suficiente para frenar ese primer envión asociativo. Sin embargo, no desfallecen: sienten que carecer de esas habilidades empresariales no puede hacerlas perder lo que han logrado. No puedo volver atrás... después de haber dejado a mi marido, que no me dejaba asistir a las capacitaciones porque ahí había otros machos... me cuenta en voz baja, como pensando para sí misma, Herlinda Garrido.

Los pescadores de Pueblo Viejo, que también fueron capacitados, tienen tres lanchas, dotadas con equipos de orientación que les ahorran esfuerzo y alivian la faena, y que ellos operan en grupos coordinados con gran sencillez. Quieren a su organización, porque sienten el cambio en sus vidas con lo que han logrado: las tres lanchas, mejor alimentación, mayor ingreso, unidad y un equipo de softbol; por ahora tenemos que montar una cuarta lancha que tenemos, pero vamos a ver qué hacemos porque no hemos logrado que el banco nos preste para el motor, por falta de respaldo, dice don Moisés Uriel, sin el menor asomo de humildad ni pesimismo. Cuenta que cuando la pesca se pone mala en esta zona, viajan a la Guajira, donde tienen buena amistad con los pescadores de la zona, que también consiguieron los modernos equipos, pero que no los usan: ¡volvieron a sus prácticas tradicionales!

Y, es así, otros viven al ritmo del mar, indiferentes al progreso; ¿quiere saber por qué? Ellos responden con una expresión costeña que hay que oírla, no leerla: ¡porque ajá...!

¿Qué es el desarrollo rural?

3 Comments:

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